martes, 5 de noviembre de 2024

VISITANDO MI INTERIOR

 VISITANDO MI INTERIOR

Los setenta, cumplidos y, el feliz comienzo de los 71, han permitido, aunque no con madurez suficiente, visitar mi mundo interior: es decir visitarme, no les extrañe todos los hacen, aunque se requiere alto costó de planificación y voluntad; ahora sé cuán difícil es mirar y conocerse, tocar la puerta, la propia; Permitirse entrar, dentro de sí, conlleva retrocesos y reinicios hasta lograr la preparación suficiente: no tanto para asirse a la puerta, si para abrirla. Me enteré, sin proponérmelo, que no soy tan osado.

PRIMER CÍRCULO

En la obscuridad de mi subconsciente, cual noche profunda, ninguna estrella, en el que, el no hágase la luz reina inexpugnablemente, encontré personajes que a todos negaré, más aún a mis cercanos. Sólo mi otro consciente: el onírico, se ha atrevido compartirme recodos en el que el llanto,  la desilusión, la nostalgia es posible junto al crujir de dientes. Llagas pululadas de extraños insectos y sabandijas hacen vida en mí en mis otros yo infectados que paulatinamente voy conociendo en la misma medida que me adentro: sueños de traumas destrozan unos u otros, me niego reconocerme en ellos.

Una voluntad acérrima que me sorprende sobremanera,  logra desvelar los abismos cuyas simas circulares se subdividen en aposentos, hábitats de retorcidos personajes creados por mí y para mí, cuyos rostros y acción me son conocidos. Quise visitar diversos yo sombras, hablar con ellos, saber cómo fueron creados, cómo ayudarlos, como ayudarme, estar allí en vigilia y compartir conmigo y con ellos esa realidad que tanto me atemoriza y oculto.

En la lóbrega morada, mi segundo círculo interior, descubrí abismos, otras profundidades cuyas simas en círculos dantescos es imposible serpentear; En saltos de fe, mi cuerpo, consciencia y subconsciencia, impulsados por mis diversas personalidades, tomaron lucidez de lo que allí habita; sentí vergüenza, no regresaré, no me mostraré de nuevo. Decidí quedarme en esa obscuridad, descubrir de mí en mis proyecciones todo cuanto fuese posible.

En cada uno de los círculos a los que he llegado por caer en tantos abismos están conformados por variados aposentos que visitaré, en eso soy de decisión firme, en la medida que el pánico lo permita. Les contaré los pormenores de las visitas si tienen a bien de seguir acá.  Entrar a esas múltiples habitaciones internas no fue para nada sencillo. Recibos personalizados, marcados por agresivas aspiraciones no logradas, han dejado huellas que reconozco como las mías, cargadas de olor insoportable a pesadumbre. Me impuse esa tarea de resiliencia compleja; creo que para nadie es de otro modo. Sin embargo me atreví, me visité, deseo saber de mí, entender y superar.

APOSENTO DE LAS ASPIRACIONES, SEGUNDO CÍRUCULO:

En una de las estancias, cual espejo, un personaje conocido, tejía, desde su interior, una red asimétrica de complejidades vividas; la desataba y reconstruía, incapaz de desechar ningún nodo. Entendí que el deshacer simbolizaba un recuerdo no comprendido, no resuelto. Quise ayudarme, sin embargo continuó sin enterarse de mi presencia racional y construyó un nodo con traumas desveladores: Anhelos de jugadas de billar, prácticas de canto, búsqueda de intelectualidad, conversaciones amenas, grados académicos, calor de familia, manejo kinésico del cuerpo, aceptación femenina, elocuencia, escritura artística debeladora, desmemoria, idiomas, integración familiar y otros tantos que quiero dejar ocultos. Trece elementos con sus interconexiones que a su vez se ramifican.

 

TERCER CÍRUCULO 

Abandoné la primera estancia a través de una caída abismal, cada vez más obscura, asirme fue imposible, la drástica caída me despertó y sucumbí hacía otro sueño de mayor profundidad. El temor adquirió poder, ¿Cómo regresar a la vigilia, cuál ruta?, En ella fui aculeado, cual tarántula, por una avispa desesperada por anidar, soy matriz, horno vivo para crías que, nacidas, seré su  alimento. Aprendizajes no resueltos, intentos fallidos, vanidades simuladas en deseos de crecimiento, egolatría, nobleza disfrazada, competición negada, son unos de los tantas crías de insertadas y, otras de mi propia creación. Cuántos anhelos reprimidos habitan el cuerpo adormecido de muerte para alimentar sin cesar su perdición, su red.   

Alimenté las crías, Con lo que quedó de mí, asumí el rol de aventajado cantante y otros conferencistas. En el estrado, olvidé a los otros, otros participantes que mendigaban una oportunidad, el verdadero yo tenía el poder, aunque no era tan bueno lo que ofrecía sirvió para comprender aquellos que, al tener el control, no permiten que otros luzcan sus esfuerzos de canto y elocuencia.  

En otro aposento al que fui conducido, no sé por quién ni cómo; encontré a mi yo aspirante a intelectual; personajes de mi fantasía cohabitaban el obscuro recinto: “El rey libro, la reina escritura, la princesa lectura y el ogro come letras” relataban sus aventuras con los párvulos, cuál dibujos animados, mi aureola de divina envidia se fortalecía inconmensurablemente, desee ser el escritor de esa maravillosa fábula; Dorian Grey protegía su retrato cubierto de lienzos negros y cintas adhesivas; Un poliglota, más allá, aderezaba relatos con su interlocutores. En mi enredado y compulso interior identifiqué, desde Victor Hugo, varios de mis conflictos: Fantine, los Thenardier, al Abad, el encarcelamiento de Jean Valjean por una lonja de pan, incluso a Javert, que prefirió el suicidio por ahogamiento a continuar la farsa que siempre creyó correcta. Por momentos no logré visualizar porqué  el Principito estaba allí con su rosa vanidosa, su elefante y sus ovejas en la caja de huecos laterales. A fuerza de tropezones vislumbré que estaba en el laberinto de mis sueños frustrados.

Accedí a otro de mis aposentos, no sé por cuantos precipicios he caído y cuantos recintos he visitado, sin embargo, en este, por lo concurrido, tuve la impresión de no pertenencia; lo que allí se realizaba no ha sido nunca parte de mi agenda.  Personas, con una marca en sus brazos, hacían largas filas: uno detrás de otros, para hacer la compra de un producto en caso de salir ganador de la rifa: Mecanismo de control inventado por seres del inframundo. Lo extraño es que paralelamente en otras filas, esta vez para votar por algún líder político; los adormecidos, cual síndrome de Estocolmo, como autómatas elegían precisamente a Balbino Paiba, el ladrón quien los condujo a esta barbarie social. Cuanta falta hace Mr. Danger, Doña Bárbara, León Mondragón o al menos el Sapo, de Rómulo Gallegos, para que den cuenta de los adormecidos.

Cuando hube salir, al verme verter lágrimas de desesperación, el Virgilio de Dante me explicó la razón de mi visita al recinto. Sólo como proyecto social mi desorganizado interior quiso  enterarme que el inframundo del subconsciente está presente en variados eventos de la personalidad, sobre todo en aquellos que se afilan para ser parte de la pobreza de otros países y, desde allí, apoyar la desintegración institucional de su patria.

De tanto recorrer aposentos y caer en abismos, desee, lo creía justo así, visitar algún ambiente en el que mis fortalezas se mostrara, sin embargo caí en abismal recinto, en el que todos eran músicos. Me vi cantando, ¡si soy yo!, dije a mis adentros, entendí por qué los administradores de eventos regulan mi participación y soy, casi siempre, de los últimos en cantar, una dama me acompaña de penúltima. Admiré al cantante que imitaba mi voz y mis movimientos, él no se dejaba apagar y continuaba intentándolo. Uno de los concurrentes, de los grandes músicos, me llamó para decirme: “ya has cantado bastante para tu disfrutar, para autoescucharte, deberías ahora hacerlo para que todos disfrutemos” las tomé como sabias palabras. A este recinto que me llevó mi maestro interno, así lo entiendo, tuvo como finalidad mostrar que hay cantantes de todos los niveles y los que deseen ser escuchados deben, a motu proprio, construir su público.

Fui llevado, a otro predio, al lado del recinto de los músicos: otro hábitat del mismo círculo de la espiral invertida de Dante Alighiere. Etenos retornos para ascender en conocimiento, filtrando en cada estancia las impurezas del transitar anterior. En esta sala lo importante no es la impostación, ni falsete, lo melódico o lo armónico, sin embargo, si es lo kinésico, lo rítmico al danzar. Quien me representa, en verdad es mi yo negado, suele invitar a bailar alguna de las damas: una acepta; sin embargo, con elegancia, no lo acompaña a la segunda verónica; compungido se sienta solitario en el rincón más oculto de la sala: espera segunda oportunidad, lo observo. 

No sé cómo, el subconsciente es así, aparecí en un alejoroso ambiente de tertulia. Todos cantan y se escuchan, todos bailan y se apoyan, todos están felices. Algo positivo en mí fue notado, con esfuerzo, a cuenta gotas, mi presencia se hizo notable, las damas y un caballero de agradable canto bailable, asumieron el  reto de enseñarme: bailar y cantar, el empirismo, cual taller, se hizo presente. Soy discente, tengo facilitadores.

En el mismo ambiente donde lo kinésico es importante hay improvisados cantos, multiversiones de mi compiten por participar,  me he dado cuenta, gracias al análisis de esta feseta, que otros yo cohabitan el desorden, los mondragones de Rómulo Gallegos mudan los mojones para deshabilitar la frontera de lo bien ensayado y lo que se es

Círculos de las imparejas, Aposento de los matrimonios: mujeres y hombres con actitudes contemplativas, danzaban en trances lentos alrededor de una fogata incandescente observando a una gran sala en la que sus infieles intercambian fluidos de vida, almas adormecidas por las circunstancias de las que no pueden salir, salvo acurra algún evento catastrófico. Saben que están en este círculo catastrófico porque aún no han tomado la decisión que les corresponde: Asumir las riendas de la libertad emocional.  Sus rostros plagados de sentimientos lacrimosos lamentan la estadía y se fortalecen para un despertar responsable.

A mi sobra, que miro desde un túnel de tormentos, también está allí en el ritual del círculo, consumiéndose en elucubraciones, enredos sinápticos incapaces para reclamar con firmeza a su infiel que danza durmiente en la gran sala de los festejos

Aposento de las personas que dicen si a todo

En las noches sueño con fantasmas Edgar B. Sánchez B.