sábado, 4 de enero de 2025

EL VIAJE CANINO

 EL VIAJE CANINO

Los perros que habitaban mi casa, dos por cierto: Mufasa y Ares, tomaron la decisión de marcharse del jardín en el que convivían. 


Aún, imagino que por mi avanzada edad, les brindo alimentos en sus vasijas de aluminio marcadas con sus nombres propios. Por su puesto no llegan, recojo sus desayunos y los llevo al refrigerador para realizar de nuevo el proceso al otro día. 


Entiendo el porqué de la decisión: yo no canto las melodías de sus preferencias y tampoco danzo al ritmo perruno que tanto les gusta; tampoco los baño con perfumes de amor y entrega requerido por las damiselas de sutiles aullidos, de recientes brotes capilares que llegaban a las rejas que los aislaban del mundo exterior.

 

Mufasa, el de mayor tamaño, es como el rey que también lleva su nombre,  astuto y protector e intuitivo, protegía con ahínco su reino; en cambió Ares, alocado y buscador de nuevos horizontes se escapaba a la menor oportunidad y regresaba sangrante por algún duelo del cual se negaba a comentar.  


Ahora que no están, que felices se fueron con sus amas, entiendo que por diez años vivieron con ausencia de felicidad. 


Espero que en su nuevo hogar encuentren lo que tanto desearon y que recuerden sin odio sus primeros años de vida.