CARTA A ZENAIDA
Hola Zenaida,
abrazos de amor, pasión y alegra por comunicarme contigo. Deseo profundamente
que estés en las mejores condiciones de salud, felicidad y compañía familiar,
aspiro que hayas dedicado algunos momentos, de tu dulce existir, a pensar en la escuela en la que
estudiaste tu primaria. Yo recuerdo detalles, de nuestros momentos, que habitan
en mí con tu dulce presencia.
Son
satisfactorias las imágenes de tus ojos azules de imponente cielo, en los que
yo, cual espejo, me sentía como mar cargado de olas agitadas deseando
abrazarte, besarte, ser feliz en la ternura que tu aliento inspiraba y aún
inspira a pesar de la distancia.
El pasillo, detrás
del aula de clase, el que nunca su puerta abría, llena mis pensamientos por el
momento en el que tuve oportunidad de besarte, creo, no estoy seguro, que tú lo
deseabas igual que yo. Esa imagen me acompaña y me enternece en agradables
recuerdos.
Cuantas veces
quise caminar Palmares abajo, buscar las térmicas aguas azufradas, tan sólo por
sentir el placer de tocar tus delicadas manos y sedosos cabellos. No lo hice,
me arrepiento, creo que mi adolescencia no estaba preparada para soportar los
impulsos de un corazón que mostraba ansiedad de salir de mi pecho y volar como
los turpiales de esplendido trinar.
Años después, en
San Pedro del Río, opaqué el grito de mi voz para no dejar pronunciar la feroz
fatiga de hacerte el amor, sin embargo sé que sentiste el impulso de mi cuerpo
y alma. Es posible, añoro que sea así, que tu cuerpo haya sentido lo mismo.
Ahora que la
distancia y la tecnología nos ha acercado se hace presente mi pasión por besarte,
tocarte, convencerte que me dejes entrar en ti y descargar mi esencia.
Te adoro mujer
hermosa.
Quien siempre te
recuerda tu novio de primaria.