Carta a Quea
Hola Lucrecia, un
abrazo grande, tan grande como tu corazón y como la solidaridad de Gerardo, tu
esposo.
Me he enterado
que has viajado a Colón, ciudad de Las Palmeras, junto con tu esposo de quien
te enamoraste caminando por el pie de montaña que circunda al Morrachón, Cumbre olímpica que tantos recuerdos sembró,
incluso cuando aún no se vislumbraba carretera alguna.
Sé que no te fue
fácil convencer a Gerardo para este viaje de retorno, en brazos de sus hijos,
al lar en el que ustedes nacieron y que habitarán la posada familiar en la que
solo al silencio y la oración se le permite entrar.
El caballo cenizo
de lustrosas riendas que tanto sirvió a tu esposo Gerardo para acrecentar su
presencia hasta conquistar tu corazón, ha transformado el relinchar en un canto
de recibimiento y despedida. Así los dos, con siempre abrazo fraterno, morarán
el habita de Mausolo. Sé que papá y mamá los recibirán con la grandeza que
ustedes merecen, pregonando las alturas de Ruben Dario con sus mil
constelaciones que bordan fulguraciones de velo azur impalpable y
esplendente.
Cuando esta
misiva les llegue, con plena seguridad estarán construyendo espacio esplendido
para que el visitar de nosotros, cuando la naturaleza lo decida, sea de confort.
Abrazos Quea,
Abrazos Gerardo. Dios los bendiga.
Sin más que
agregar: Edgar Bautista Sánchez Briceño.