domingo, 30 de marzo de 2025

SOMOS

SOMOS

He aprendido que el mejor lugar para estar es aquel en el que has estado, no requiere que estés, mi captación de ti, es tan enérgica que capturo tu presencia en  el breve espacio en el que no estás y has estado, lo aprendí de Pablo Milanés, es una de las virtudes de ser músico.

He aprendido a llenar mis vacíos con tu vigorosa presencia, tanto, que cuando esta última se limita, por razones propias del compartir, alcanza, creo yo, para largo tiempo, sin embargo, al final del día el vacío se apodera de mí y necesito llenarme de nuevo. Soy así, mi felicidad requiere de tu encanto.

He aprendido que la belleza, no deja de ser, cuando los prismas de las gotas de agua, descompone la luz que irradias, aunque las múltiples frecuencias por si solas, cada una, proyecte lo que Vincent Van Gogh vio en tí para plasmar Los Girasoles y la Noche Estrellada. Sus Lirios, símbolos de pasión y vida también son inspiración por tu encanto lumínico. Sin embargo, te he visto antes del prisma y toda tu luz, aunque cegadora, potencia mi imaginación y veo cuanta fermosura, como lo diría El Quijote. Eso es vivir, como lo dijo Jorge Luis Borges:  “La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sinsabores” de ti sólo sabores.

He aprendido, también de Jorge Luis Borge que soy ansioso, que mi corazón se revela para pedirme calma, que la auriculoventricularidad de nuestro amor es natural, no puede ser cambiada. Sé que te has dado cuenta que el argentino indicó: “no te esfuerces demasiado que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas. No las busques, ellas te buscan” para decir verdad esto último es imposible aplicarlo para mí.

Edgar B. Sánchez B.

sábado, 29 de marzo de 2025

LA MARCHA DE LOS PERROS

 LA MARCHA DE LOS PERROS

Los perros que habitaban mi casa, dos por cierto: Mufasa y Ares, tomaron la decisión de marcharse del jardín en el que convivían.
Aún los siento caminar, imagino que por mi avanzada edad y, aún les brindo alimentos en sus vasijas de aluminio marcadas con sus nombres propios. Por su puesto no llegan, recojo sus desayunos y los llevo al refrigerador para realizar de nuevo el proceso al otro día.
Entiendo el porqué de la decisión: yo no canto las melodías de sus preferencias y tampoco danzo al ritmo perruno que tanto les gusta; tampoco los baño con perfumes de amor y entrega requerido por las damiselas de sutiles aullidos, de recientes brotes capilares que llegaban a las rejas que los aislaban del mundo exterior. Tamapoco , mi mayor error, los vestia con trajes de etiqueta ni los perfumaba con esencias parisenses.
Mufasa, el de mayor tamaño, es como el rey que también lleva su nombre, el de la película, astuto y protector e intuitivo, protegía con ahínco su reino; en cambió Ares, alocado y buscador de nuevos horizontes se escapaba a la menor oportunidad y regresaba sangrante por algún duelo del cual se negaba a comentar.
Dr. Edgar B. Sánchez B.

SOMBRA DE CAFÉ

 

SOMBRA DE CAFÉ (uno de los paradigma)

El aroma del café, como habitante de sutil compañía, cohabita los hogares venezolanos, la de mayor presencia es la del café bolón. Nos dejamos invadir por este preparativo de alba y ocaso, que habita nuestras memorias y la de los ancestros que construyeron recipientes para conservar inalterado su sabor, su frescura, su olor.  En antaño momentos la infusión se preparaba a base de bramantes llamas de la mejor leña.

Se guardaba, muy denso en café y sin azúcar,  en envases de escroto de toro en forma de globo, logrado por estiramiento antes del secado, de ahí el origen de “bolón”, sin el producto de la caña para garantizar que las hormigas no atacasen el envase. Este café tinto, que mancha las tazas, llamado bolón sirve de base para preparar el de las visitas, vertiendo el bolón en una fuente de agua hervida con azúcar.  

Pudiéramos, los que en verdad hemos vivido en ambientes de cultivo y cosecha, decir que el arábigo desarrolla sus anhelados frutos por la convivencia de la “buena sombra”: guamo, bucare, naranjos, aguacates, cambur que en mutualismo controlan: calidad y cantidad de luz, evitan la evaporación y transpiración del agua, ofrecen protección en momentos de inclemencia eólica, sus follajes envejecidos son nutrientes del humus, son hogar de aves y mamíferos que defecan y abonan. Todo lo anterior hace que el cafeto viva en el frescor de la simbiosis controlada.   

Su convivencia mutualista nos presenta, en el  Bolón y luego en la taza, ese aroma que invade nuestras casas con memorias compartidas de diálogos que aún se escuchan del secuencial proceso de elaboración.

El café es parte de nuestra familia.     

¿Sabías que el propóleo producido por las abejas es uno de los antibióticos naturales más potentes?

¿Sabías que el término “luna de miel” proviene del hecho de que los novios consumían miel para la fertilidad.

Dr. Edgar B. Sánchez B.

 

sábado, 8 de febrero de 2025

MALBA TAHAN El hombre que calculaba

 

MALBA TAHAN                 El hombre que calculaba

Repartir 35 caballos en tres hermanos: A, B, C:

A recibe la mitad de la herencia (1/2), B recibe un tercio (1/3), y C un noveno (1/9).

De seguro el difunto padre de los tres herederos no tenía formación básica de matemáticas y tampoco el notario que registro el testamento.

Es conveniente resaltar, para advertir a lectores desprevenidos, que las sumas de las fracciones en una repartición de bienes tiene que ser 1. Este caso no cumple con el requisito: . Por lo que queda sin repartir, un dieciochoavo de la propiedad:

Como 17/18 es menor que 1, indica que hay que afinar el razonamiento para que lo indicado en el testamento se cumpla.

Describiré el conflicto que se presenta con una herencia de 180 Hs de tierra (Hs hectáreas, 10.000 m²). El heredero A recibe la mitad de la herencia (1/2), decir 180/2=90, B recibe un tercio (1/3),  180/3=60 y C un noveno (1/9), 180/9=20, hasta ahora se ha repartido y aceptado 90+60+20=170 Hs. Por lo que quedan en disputa 10 Hs.

Si la clase política de la comunidad se entera de la disparidad producida por la incorrecta descomposición fraccionaria, de seguro, querrán ser parte del proceso.

Sin embargo, por matemáticas elementales, siguiendo la dinámica del proceso, se divide lo sobrante acorde al patrón establecido: El heredero A recibirá además la mitad (1/2) de lo restante, decir 10/2=5, B recibe un tercio (1/3),  es decir,10/3=3+1/3 y C un noveno (1/9) lo que es igual a: 10/9=1+1/9, por lo que en la segunda jornada se  reparte 5+3+1/3+1+1/9=9+4/9.

Nuevamente queda un excedente de 5/9 Hs que habrá que repartirse.

Desde lo empírico no es posible hacer con exactitud y equidad la repartición, sin embargo, como lo no adjudicado es cada vez más pequeño, se resuelve el conflicto leyendo un poco a: Gottfried Leibniz e Isaac Newton en relación a la tendencia a cero, 0, No repartido tiende a cero, cuando las reparticiones aumentan. Se hace despreciable.  

Si la herencia fuese 17 caballos, A recibiría  8 y la mitad de otro, B recibiría 5 mas 2/3 de otro y finalmente C obtendrá 1 más un 1/9 de otro. Esto indica que se repartió 15 caballos vivos y dos hubo de sacrificar, aun así la repartición no se resuelve totalmente.  Sabiendo que al repartir queda 1/18, un matemático, oportunista, también los hay, dona su caballo y sugiere que se haga ahora el reparto. Él sabe que no hay riesgo, por cuanto la dieciochoava parte de 18 es 1, es decir su caballo.

Ahora A recibe 9 caballos vivos en lugar de 8, B se alegra con 6, en vez de 5 y, finalmente C se alegra con 2 caballos vivos en lugar de uno  más parte de uno sacrificado. Por lo que en total se distribuye 9+6+2=17 caballos, el matemático, como gratificación exigió, el mejor de la manada.

Ahora le corresponde a ustedes resolver y entender el original que tiene 35 Mustang para repartir.

Dr. Edgar B. Sánchez B.

sábado, 4 de enero de 2025

EL VIAJE CANINO

 EL VIAJE CANINO

Los perros que habitaban mi casa, dos por cierto: Mufasa y Ares, tomaron la decisión de marcharse del jardín en el que convivían. 


Aún, imagino que por mi avanzada edad, les brindo alimentos en sus vasijas de aluminio marcadas con sus nombres propios. Por su puesto no llegan, recojo sus desayunos y los llevo al refrigerador para realizar de nuevo el proceso al otro día. 


Entiendo el porqué de la decisión: yo no canto las melodías de sus preferencias y tampoco danzo al ritmo perruno que tanto les gusta; tampoco los baño con perfumes de amor y entrega requerido por las damiselas de sutiles aullidos, de recientes brotes capilares que llegaban a las rejas que los aislaban del mundo exterior.

 

Mufasa, el de mayor tamaño, es como el rey que también lleva su nombre,  astuto y protector e intuitivo, protegía con ahínco su reino; en cambió Ares, alocado y buscador de nuevos horizontes se escapaba a la menor oportunidad y regresaba sangrante por algún duelo del cual se negaba a comentar.  


Ahora que no están, que felices se fueron con sus amas, entiendo que por diez años vivieron con ausencia de felicidad. 


Espero que en su nuevo hogar encuentren lo que tanto desearon y que recuerden sin odio sus primeros años de vida.

domingo, 15 de diciembre de 2024

VISITA INTERIOR

 

CONFESIONES

Los setenta, cumplidos y, el feliz comienzo de los 71, han permitido, aunque no con madurez suficiente, viajar a mi mundo interior: visitarme.

No les extrañe, todos los hacen, aunque se requiere planificación y voluntad; ahora sé cuán difícil es mirarse a sí mismo, para conocerse, tocar la puerta, la propia; Permitirse entrar, conlleva retrocesos y reinicios para lograr preparación suficiente: no tanto para asirse a la puerta, si para abrirla, la cerradura es casi hermética. Me enteré sin proponérmelo que no soy tan osado y vivo el encierro.

CÍRCULO DE ENTRADA

Abrí la puerta al anfiteatro, al tálamo de mi mundo interior. Al inicio la cerradura se resistía, el pánico me invadió, en la obscuridad de mi subconsciente, así lo llamó Sigmund Freud, luego el inconsciente, me vi cual noche profunda, ninguna estrella, el no hágase la luz reina inexpugnablemente.

Encontré personajes que a todos negaré, aún a mis cercanos, no son actores, son mis variadas facetas, mis representaciones, mis manifestaciones, mi ser, al que es, según he ido descubriendo, conveniente conocer a fin de evitar ser convertido en el no ser de ellas, mi ser de este momento con el que me conocen los contiene.

Para evitar ser repetitivo, al ser que observo, el de mis variadas facetas, lo llamaré mi otro ser.  

Sólo mi otro consciente, aunque delirante: el Onírico, se ha atrevido compartirme recodos en el que: la mustia, el llanto,  la desilusión, la nostalgia, conviven junto al crujir de dientes.

Descubrí llagas pululadas de extraños insectos y sabandijas que hacen vida en mi otro ser, en mis otros, paulatinamente voy conociendo al adentrarme: Sueños de traumas se destrozan unos a otros, me niego reconocerme en ellos, son atroces.

La voluntad acérrima que me sorprende, logra desvelar, en este círculo de entrada, abismos cuyas simas circulares se subdividen en aposentos, hábitats de retorcidos personajes creados por mí y partes de mí, cuyos rostros y acción me son conocidos. Quise visitar diversos yo sombras, hablar con ellos, saber cómo fueron creados, cómo ayudarlos, como ayudarme, estar allí en vigilia y compartir conmigo, con mis otros,  esa realidad que tanto me atemoriza y oculto.

Sabemos que lo imperfecto y lo perfecto no se conjugan, de haber conjunción, lo imperfecto cohabitaría lo perfecto, por tanto lo perfecto no es perfecto ya que contiene lo imperfecto, esto es una contradicción. Recíprocamente,  Lo perfecto no puede habitar lo imperfecto pues, eso haría que lo imperfecto no fuese por cuanto contiene a la perfección, esto también es contradicción.

Aunque sé que imposible limpiar la imperfección para lograr perfección y que cada una es necesaria para la otra. Sin embargo, en mi viaje sólo deseo conocer mis imperfecciones, ¿acaso esto es perfección?, quiero que grabes el motivo esencial del viaje, lo que deseo con mi viaje.

Según Tito Lucrecio Caro, en su poema “La naturaleza de las Cosas” cito: “no hay un solo cuerpo conocido/ en su propia interior naturaleza/ que de una especie sola de principios se formé;/ ninguno que no conste de mezcla de principios;/ cuando un cuerpo tiene más propiedades,/ más difieren en número y figura sus principios. 

Es un principio promulgado por el empirismo avanzado indica que es mejor ser infeliz racionalmente que ser feliz en la irracionalidad.

El impulso a la autovisita interior puede ser resumida, aunque no en el mismo contexto, en la frase de Ludwig Wittgenstein: “he cometido errores fundamentales” pido disculpas. Tractatus logico-philosophicus.

PRIMER CÍRCULO            

En la lóbrega morada, mi primer círculo interior, descubrí abismos, otras profundidades cuyas simas en círculos dantescos es imposible serpentear, no hay cascadas de ascenso; En saltos de fe, mi cuerpo, consciencia y subconsciencia, impulsados por mis diversas personalidades, tomaron lucidez de lo que allí habita; sentí vergüenza, no regresaré, no me mostraré, ahora que sé lo que soy. Decidí quedarme en la obscuridad, descubrir de mí en mis proyecciones todo cuanto fuese posible.

Desde el círculo al que he llegado puedo caer en otros tantos abismos conformados por variados aposentos que visitaré, en eso soy de decisión firme en la medida que el pánico lo permita. Les contaré los pormenores de las visitas si tienen a bien de seguir acá.  Entrar a esas múltiples habitaciones internas no fue para nada sencillo. Recibos personalizados, con muebles de deshechos  marcados por agresivas aspiraciones no logradas, han dejado huellas que conozco como mías, cargadas de olor insoportable a pesadumbre. Me impuse la tarea de resiliencia compleja; para nadie es de otro modo. Sin embargo, ya lo hice, me atreví, me visité, deseo saber de mí, entender y superar.

APOSENTO DE LAS ASPIRACIONES,

El primer aposento del primer círculo, es el aposento de las aspiraciones, una estancia, cual espejo, en el cual, un personaje conocido, mi otro ser, tejía desde su interior, una red asimétrica de complejidades vividas; las desataba y reconstruía, incapaz de desechar nodos.

Entendí que el deshacer simboliza un recuerdo, una acción no comprendida, no resuelta, hay que estudiarla para entenderla. Todo pasado no resuelto pulula como llaga infectada e impide el crecimiento.

Las civilizaciones, lo sabemos por empirismo histórico, por hermenéutica, que han colapsado por no identificar los submundos internos, igual me pasará. 

Quise ayudarme, sin embargo mi reflejo, mi verdadero yo en esta faceta, continuó sin enterarse de mi presencia racional y construyó un nodo con traumas desveladores: Anhelos de jugadas de billar, prácticas de canto, búsqueda de intelectualidad, conversaciones amenas, grados académicos, calor de familia, manejo kinésico del cuerpo, aceptación femenina, elocuencia, escritura artística debeladora, desmemoria, idiomas, integración familiar, motricidad fina para el arte de la música y otros tantos que quiero dejar ocultos, aunque no debería. Elementos con sus infinitas ramificaciones.

Al segundo aposento del primer círculo fui conducido, no sé por quién ni cómo; encontré a mi yo aspirante a intelectual; personajes de mi fantasía cohabitaban el obscuro recinto: “El rey libro, la reina escritura, la princesa lectura y el ogro come letras” relataban sus aventuras con los párvulos, cuál dibujos animados, mi aureola de divina envidia se fortalecía inconmensurablemente, desee ser el escritor de esa maravillosa fábula; Dorian Grey protegía su retrato cubierto de lienzos negros y cintas adhesivas; Un poliglota, más allá, aderezaba relatos con su interlocutores.

En mi enredado y compulso interior identifiqué, desde Los Miserables de Víctor Hugo, varios de mis conflictos: Fantine que vendió su cabello y se prostituyo para obtener sustento para su hija cossete, los Thenardier, al Abad, el encarcelamiento de Jean Valjean por una lonja de pan, incluso a Javert, que prefirió el suicidio por ahogamiento a continuar la farsa que siempre creyó correcta. Por momentos no logré visualizar porqué  el Principito estaba allí con su rosa vanidosa, su elefante y sus ovejas en la caja de huecos laterales.

A fuerza de tropezones vislumbré que estaba en el laberinto de mis sueños frustrados. De Rerum Natura de Lucrecio despertó en mi interior la sublime la chispa de mejorar la escritura y relatar la belleza presente en cada momento humano o inhumano. Desespiritualizado.

En otra de las estancias del tercer aposento del primer círculo, me encontré rodeado de damiselas, escuché frases que no, por lo soeces, debo pronunciar y aún las digo en momentos de libación incontrolada. Una dama, la más agresiva, en un discurso planificado, enumeró todos los males con los cuales yo moriría.

Aunque lo dice por  enésima vez, surte el mismo efecto que la primera. Sabe hacerlo, escoge el momento adecuado, después de proferir sus palabras de desaliento, se muda a otro aposento, uno vecino, al cual no me es permitido entrar, No deseo hacerlo. Oh malvado proceder que olvidas nuestro himeneo consumida en pasión desbordada para proferir daño y lo logra.

Otra damisela, tal vez la misma anterior me reconoció; no logro diferenciarla, vino a mí, trae una herramienta para golpear, un medero de formidable grosor en forma de cruz, lo usa, no logra su objetivo, se impacienta, destruye todo lo que encuentra, se hace daño al destrozar el recipiente de los desayunos en la cama, sangra su ropa.

Pidió apoyo, mintió, fui encarcelado en un aposento en cuyo interior había un abismo al que me obligaron saltar. Luego les contaré.  En este aposento, de dieciséis metros cuadrados, cohabitamos por ocho días: un médico acusado de violador, un vigilante denunciado de robo de aceite a granel, un asaltante de carretera por muerte de su víctima, el secuaz de un extorsionador, un ingeniero detenido por su filiación política, un agricultor que golpeo al capataz por atropello, dos cuñados que practicaron boxeo, entre sí, luego  de libar licor, marcando profusamente sus rostros.

En el aposento continuo, dos reos atropellaban a sus compañeros de celda obligándoles a autoherirse para obligar a las autoridades judiciales la transferencia  a la cárcel mayor. El olor a sangre derramada sobre otra vertida con anterioridad, invadía todo el recinto. Luego del traslado de uno de ellos, al otro soporto, la maldad humana, sin ningún tipo de alimentos, esposado en la espalda y grilletes, por tres días consecutivos; su voz apagada por la fatiga llenaba de nostalgia los oídos cercanos. Cuanta demencia son capaces de adquirir los formados para tales fines de represión.   

Fui juzgado y castigado con trabajos forzados por un año, ahora lo denominados trabajos comunitarios.  Al salir del recinto de encierro, comenzó la extorsión.

Ahora estoy en un cuarto aposento, ahora me identificó como un salvador, la armadura oxidada muestra la obscuridad de sus cerrojos, una máscara de acero sólido cubre mi rostro, hay una dama que siempre la veo con mis ojos de hermosura, no deseo romper el vínculo que nos une, sin embargo escoge con pinzas diminutas los momentos precisos para profesar sus ofensas, sabe hacerlo, siento su efecto por días, cuenta sus interpretaciones espurias a los otros miembros de la familia, no quiero y no puede romper el vínculo. Las sombras que atormentó y definió Carl Gustav Jung convergen y se unifican cuando escucho sus palabras. Su hogar es una heliconia en el que las damas buscan embellecerse con el arte de sus sutiles manos.  

En otro aposento, el quinto de mi recorrido, fui conducido, no sé por quién ni cómo; Encontré a mi yo aspirante a intelectual; todos los personajes de mi fantasía cohabitaban el obscuro recinto:  “El rey libro, la reina escritura, la princesa lectura y el ogro come letras” relatan sus aventuras con los párvulos, cuál dibujos animados, mi aureola de divina envidia se fortalece inconmensurablemente, desee ser el escritor de esa maravillosa fábula; Dorian Grey protegía su retrato cubierto de lienzos negros y cintas adhesivas; Un poliglota, más allá, aderezaba relatos con su interlocutores.

En mi enredado y compulso interior identifiqué, desde Víctor Hugo, varios de mis conflictos: Fantine por su entrega a lo que creyó veneficiaría a su hija Cosette, los Thenardier por desear crecer a expensas del maltrato, el confiado Abad que regalo lo de valor a fin de transformar un alma atormentada, el injusto encarcelamiento de Jean Valjean por una lonja de pan, incluso a Javert, siempre servil al sistema, que prefirió el suicidio por ahogamiento a continuar la farsa que siempre creyó correcta.

Por momentos no logré visualizar porqué  el Principito estaba allí con su rosa vanidosa, su elefante y sus ovejas en la caja de huecos laterales pues, este personaje no encaja en mi mundo de desilusiones. A fuerza de tropezones vislumbré que estaba en el laberinto de mis sueños frustrados; Uno de mis tantos personajes leía profusamente el poema “La Naturaleza de las Cosa de Tito Lucrecio Caro” quise por segundos, tal vez, no volver a leer obras tan excelsas de eximios autores, me hacen sentir que he pasado por la vida sin dejar nada que sirva para la trascendencia.

En el sexto aposento, el de los bromistas, el de los personajes que hacen bullen, esa extraña forma de compartir de quienes nos creemos cómicos y divertidos: consientes, sin admitir, el daño que somos capaces de proferir  a los semejantes que enfocamos en las burlescas actuaciones.

De todos los bufones que pernotan el aposento, uno resalta sobremanera, es posible que la razón sea por la semejanza en sus facciones conmigo, las miradas lo enfocan, su aspecto es simiesco y de pequeña estatura, sus manos, por lo diminuto, tocan con facilidad el piso cuando lo cree conveniente para su actuación; todos ríen a carcajadas sonoras cuando la maldad de la burla está centrada en la otredad, incluso el actuante, es parte de su mostración, se burla de sí mismo para bajar la tensión que produce;  sus rostros, el de los oyentes, expresan rabia y vergüenza cuando son centro.

Confieso que el parecido conmigo del simiesco personaje del bullen es ambiguo, sin embargo, como es mi viaje a mis círculos inferiores, a mi averno,  es mi deber aceptar que es uno de mis paralelos, en los diversos universos en el que estoy sin estar, de lo contrario no lograré, en caso de que sea posible, limpiar mi aureola.

Está presencia de mí, casi logra que desista de la intensión de autoreconocimiento. Me siento mal al conocerme, sin embargo, superarse es la misión sublime que todos deben asumir, de lo contrario, serán conducidos por abismos de mayor obscuridad y la idea del viaje es encontrar momentos de cima. Sólo encuentro simas.

De tanto recorrer aposentos y caer en abismos que los conectan, desee, lo creo justo, visitar algún ambiente en el que mis fortalezas se mostre, sin embargo caí, no sé cómo, el subconsciente es así, en un alejoroso ambiente de tertulia. Todos cantan y se escuchan, todos bailan y se apoyan, todos están felices. Algo positivo en mí fue notado, con esfuerzo, a cuenta gotas, mi presencia se hizo notable, las damas y un caballero de agradable canto bailable, asumieron el  reto de enseñarme: bailar y cantar. El empirismo, cual taller, se hizo presente. Soy discente, tengo facilitadores.

En este séptimo recinto al que creo mitigador, todos los cohabitantes son músicos. Estoy cantando, ¡si soy yo!, dije a mis adentros, lo reconocí pues canta con ritmo alterado, lo orquestal no coincide con el canto de  “Linda Barinas de Eladio Tarife y Aquel de Simón Díaz” entendí porque los administradores de eventos regulan mi participación y también porqué soy, casi siempre, de los últimos en cantar, una dama me acompaña de penúltima.

Repudié al cantante que imitaba mi voz y mis movimientos. Él, mi manifestación, al pasar el tiempo, ganó mi admiración, no se dejaba apagar y continuaba intentándolo. La tenacidad y constancia son actitudes que admiro.

Uno de los concurrentes, de los grandes músicos, me llamó para decirme, cito: “ya has cantado bastante para tu disfrutar, para autoescucharte, ahora deberías hacerlo para que todos disfrutemos” las tomé como sabias palabras. Por dentro sentí la necesidad de un nosocomio.

A este recinto, el séptimo, ya lo saben, al que me llevó mi maestro interno, así lo entiendo, tuvo como finalidad mostrar que hay cantantes de todos los niveles y los que deseen ser escuchados deben, a motu proprio, construir su público.

Fui llevado, a otro predio, in simultáneo,  al lado del séptimo aposento, el de los músicos: otro hábitat del mismo, diferenciado por una puerta amarilla que conduce, también, a la sala del depósito de licor. No pernotan ningún enemigo político como lo relata en la espiral invertida el Dante Alighiere.

Etenos retornos, por la puerta de conexión,  para ascender en conocimiento del canto, filtrando en cada visita las impurezas señaladas por Polimnia: musa del canto y poesía. En esta sala, la del lado a través de la puerta, lo importante no es la impostación, ni falsete, ni lo melódico o lo armónico, si es lo kinésico, lo rítmico al danzar. Quien me representa, en verdad es mi yo negado, suele invitar a bailar alguna de las damas: una acepta; sin embargo, con elegancia, no lo acompaña a la segunda verónica;  compungido se sienta solitario en el rincón más oculto de la sala: espera segunda oportunidad, lo observo.

Como muestro deseo de progresar en el arte de Terpsícore, los que mejor lo hacen me indican que hay que eliminar los saltos que doy, trato de no hacerlo, es difícil, setenta años haciendo lo mismo no se quita de la noche a la mañana. Seguiré intentando. 

Una dama, hermosa como lo es ella solas, asume el reto de conducirme en la pista, otra, mi nuera sentimental, la acompaña en el esfuerzo. Les adelanto, de tantas farras y tertulias, mi danzar ha mejorado, sin embargo, cuando veo las grabaciones videográficas me desanimo, deberían prohibir esos instrumentos del recuerdo. Al otro fin de semana olvido lo anterior y recomienzo a retozar, incluyendo la motivación.

La emulación kinésica de un cantante que se ejercita para profesionalizarse me ha dado resultados, desde su tribuna usa mi nombre en gritos de alegría, me concentra y logro varios momentos rítmicos que pierdo a los pocos trances. Para mi fortuna, una chica de sonrisa y cuerpo espectacular, de esas que hierve la sangre, permite que la invite a dar junto a ella, lentos y desarmoniosos pasos; Que bueno, al oído, imperceptible a los demás, me indica: no muevas el torso, un, dos, un dos, mueva la cintura.   Creo que mi rostro enrojece al igual que el de mi yo actuante que observo con atención. Hiervo. Una dama reciente llegó a mi mundo emocional, me mueve el piso.

Una dama, que resalta por su belleza y alegría me aplaude con entusiasmo y profesa “te amo, te amo” es una amiga fenomenal. Todo en ella es incentivación. 

Favorecido por sutil favonio soy conducido al noveno aposento, allí me veo feliz transitando cangilones de límpidas corrientes de lluvia reciente que verdece los caminos de mi infancia. En la primera escuela, la nacional graduada número 5, está la maestra que placentera habita mis memorias, veo a mi hermana menor que yo, de nueve años, llorando porque mi otro yo, corre retozándose en agrestes senderos para llegar a casa y ser el primero en contar las aventuras vividas con el crisol de niños que comparten el centro de aprendizaje.

Luego, después de varios años de escolaridad interrumpida, ya cumplidos los catorce, observo en mi yo del noveno círculo, caminado ocho kilómetros, acompañado de tres hermanos y una vecina, para llegar a la escuela que nos formará en los tres últimos grados de primaria. La vía vehicular está en plena construcción.

No entiendo porque mi consciente confabulado con mi inconsciente, incluyó esta escena como si hubiese, sin intención, sido guardada en mi zona obscura, sin embargo, dada las imágenes mostradas concluí que pudo ser por mi acción altanera con las maestras; veo que mi yo actuante  se burla de las formas en que las educadoras intentan transmitir, sin comprensión alguna, las divisiones por una o varios dígitos, sobre todo, un caos total, cuando dividendo y divisor tienen decimales.

Estoy en el bélico tumulto de mis fatigas, debo trascender y superar si es que quiero, librado en gran parte del mal, salir airoso de este viaje interno que me he propuesto.

Puede ser también, un llamado a reflexionar, por incentivar el riesgo de muerte que sufrió uno de mis hermanos al caer en un depósito de aguas del manantial prístino que solíamos llamar Pozo Azul.

Desde el noveno, sin salto abismal, más bien por benignos senderos fui conducido al décimo aposento, allí sólo hay remembranzas y apoyo de familia, cerca de doscientas personas formó parte del linaje de mi mamá antes de su viaje a otros mundos paralelos a los cuales he enviado cartas sin destino y del cual no tengo referencia. El encuentro de familia se planifica con anticipación para que se dé al segundo año de la presente fecha. Algunos caen en el trayecto del tiempo, es normal, somos abundantes y prolijos. Las condiciones de país cambiaron, ahora reunirse es costoso.

Aunque hoy parece trivialidad pues, he superado gran parte de mi miedo escénico, fui trasladado al aposento once de mi periplo sin bitácora, en el que todos los asistentes deseaban trascender en aprendizajes en  ambiente académico. Mi yo oculto tiembla, él sabe que los momentos de estrés le hacen olvidar. Tres jurados están al centro, en el cuarto piso de la sede Carmona, para revisar mi nivel de estudios matemáticos y otras treinta personas concentran su atención para escuchar mis respuestas. Ocho más aspiran ocupar la catedra de profesor. Tiemblo, estoy a punto de infarto.

En este momento totalmente obnubilado sentí que fui llevado, no sé por cual hado malvado, a un aposento que, en mi cuenta es el número trece. Los que frecuentan este antro sentimental sufren  depresiones creadas por su incapacidad de ser parte actuante de la moral colectiva, que en tantos convencionalismos impuestos no se sienten identificados  o, simplemente, su educación, ingresos y formación no son suficientes para encajar en algún compartir. Me busqué por todas partes, no estaba allí, o al menos mi presencia no es traslucida a todos. Los allí presentes, no desean ser identificados, tratan de ser desapercibidos. Sus rostros reflejan la timidez del mórbido miedo escénico.

Entre ellos no hay saludos, ni expresiones de afecto, ni comentarios de acercamiento; están invadidos del temor a no ser aceptados; todos muestran tendencias emocionales al rechazo, ellos no se dan cuenta que aíslan a la otredad, no se comunican para evitar sentirse mal.  Son parte del del uróboro, Nadie da el primer paso para establecer alguna conexión afectiva, han sido profusamente dotados de vulnerabilidad, exacerbadas por intentos previos frustrados de comunicación. El ambiente está invadido por un extraño olor a: adrenalina o cortisol, todos tienen las amígdalas inflamadas; El miedo al rechazo es paralizante.

Algunos muestran signos de violencia o de risas sin motivo alguno,  otros consumen licor para inhibir sus temores, por allá, en un rincón lejano del aposento, un tímido usa la mesa como tambor para producir estresantes y arrítmicos sonidos.

Acostumbrados mis ojos a la obscuridad logré verme en el tumulto. Al instante, fracciones de segundos después, caí, es decir siempre debo decirlo, mi yo paralelo, al que debo seguir para conocerme, cayó por un abismo hacia un aposento del segundo círculo de mi mundo de sombras. Regresar será una proeza del ingenio.  

Este aposento del segundo círculo, es similar al anterior, mi yo paralelo observa, en profundidad buscando entendimiento a dos hombres de miradas tristes, vacías de sociedad que  parecen ser hermanos. De estos dos hombres unos asume el liderazgo, el otro lo sigue fiel, llevan dos carruajes hechos de madera sin labrado, con ruedas sin balance de bicicleta decoradas con retazos de lo que fue máquinas reproductoras de películas; recogidas en el improvisado basurero que la inconciencia de los pobladores civilizados construyeron: Así se hacen llamar. 

Los presentes en el aposento del que bajé a este de otro círculo, debieran, si es que están buscando algún tiempo de autorrealización, visitar este para que vivan la mutilación de las sociedades discriminatorias a aquellos que innatamente vienen desprovistos de algunas capacidades cognitivas.

Los caballeros, a los que estamos observando, trasportan en sus carruajes  alimentos que ellos producen y colocan en el mercado. Realizada la venta, por algún injusto intercambio monetario, se sientan impávidos, por horas, esperando que una bondad les ofrezca algo de alimento. Impertérritos reciben, comen, se levantan callados y se van. No muestran ningún tipo de señal  indicadora que entendieron la procedencia alimentaria.  Estando allí, en este aposento de mi submundo, en metamorfosis Cafkiana logré entender que deprimirme no es la solución. Espero, resulte. Me hice acompañar, para conservar mi menguada lucidez,  por uno de los poemas del poeta  Gregorio Riveros “Vacío cascarón lleno de abismos. No era yo, era otro que abandonaba mi otro yo. Sin canto. Sin ojos. Sin miradas” Entendí que cuando las personas desean entenderse encuentran la forma de hacerlo.

 

Por instantes fugaces, en un aposento lateral al anterior, vi a mi madre en vómito incontrolable, por el intenso olor a desechos humanos dentro de una casa de bahareque de poca ventilación. Le tocó atender a una vecina en su lecho de muerte, única mujer en una pequeña parcela aledaña a la finca del Cedro y madre de un adolescente cognitivamente comprometido, con signos de no limpiar su cuerpo por varios días.

Abandoné la primera estancia a través de una caída abismal del mismo segundo círculo, cada vez más obscuro, asirme fue imposible, la drástica caída me despertó y sucumbí al instante en otro sueño de mayor profundidad. El temor adquirió poder, ¿Cómo regresar a la vigilia, cuál ruta?, sentí a Dostoyevski diciendo “mientras más te aíslas más te endureces”

En este aposento fui aculeado, cual tarántula, por una avispa desesperada por anidar, ahora soy matriz, horno vivo para crías que al nacer seré su alimento. Aprendizajes no resueltos, intentos fallidos, vanidades simuladas en deseos de crecimiento, egolatría, nobleza disfrazada, competición negada, son unas de las tantas crías insertadas por el artrópodo y, otras de mi propia creación. Cuántos anhelos reprimidos habitan el cuerpo adormecido de muerte para alimentar sin cesar su perdición, su red. Por allá vi la sombra de otro ególatra, no sabe que lo es.    

Alimenté las crías con lo que quedó de mí, asumí el rol de aventajado cantante y otros conferencistas. En el estrado, olvidé a los otros, otros participantes que mendigaban una oportunidad, el verdadero yo tenía el poder, aunque no era tan bueno lo que ofrecía sirvió para comprender aquellos que, al tener el control, no permiten que otros luzcan sus esfuerzos de canto y elocuencia.  

Accedí a otro de mis aposentos, no sé por cuantos precipicios he caído y cuantos recintos he visitado, sin embargo, en este, por lo concurrido, tuve la impresión de no pertenencia; lo que allí se realizaba no ha sido nunca parte de mi agenda.  Personas, con una marca en sus brazos, hacían largas filas: uno detrás de otros, para hacer la compra de un producto en caso de salir ganador de la rifa: Mecanismo de control inventado por seres del inframundo. Lo extraño es que paralelamente en otras filas, esta vez para votar por algún líder político; los adormecidos, cual síndrome de Estocolmo, como autómatas elegían precisamente a Balbino Paiba, el ladrón quien los condujo a esta barbarie social. Cuanta falta hace Mr. Danger, Doña Bárbara, León Mondragón o al menos el Sapo, de Rómulo Gallegos, para que den cuenta que están adormecidos, obnubilados.

Cuando hube salir, al verme verter lágrimas de desesperación, el Virgilio de Dante me explicó la razón de mi visita. Sólo como proyecto social mi desorganizado interior quiso  enterarme que, el inframundo del subconsciente está presente en variados eventos de la personalidad. Entendí que soy parte actuante, quiera o no, de una compleja red de consciencias entrelazadas, un mundo de sombras para mí, la cual está vetada para mi sombra mayor. Mi consciente.

Sumido ahora, en azarosos círculos, perdí la cuenta, llegué a uno fue pudiéramos darle el nombre de círculo de las imparejas, Aposento de los matrimonios: mujeres y hombres con actitudes contemplativas, danzaban en trances lentos alrededor de una fogata incandescente observando a una gran sala en la que sus infieles intercambian fluidos de vida, almas adormecidas por las circunstancias de las que no pueden salir, salvo acurra algún evento catastrófico. Saben que están en este círculo catastrófico porque aún no han tomado la decisión que les corresponde: Asumir las riendas de la libertad emocional.  Sus rostros plagados de sentimientos lacrimosos lamentan la estadía y se fortalecen para un despertar responsable.

A mi sombra, que miro desde un túnel de tormentos, también está allí en el ritual del círculo, consumiéndose en elucubraciones, enredos sinápticos incapaces para reclamar con firmeza a su infiel que danza durmiente en la gran sala de los festejos.

Por decisión del algún hado que direcciona mi bitácora, sucumbí a lo que, a escasa lumbre pudiera llamar el tercer círculo. Me enteré, por cuando la obscuridad de luz y de entendimiento profuso y tenue, prodigado superfluamente es evidente. Ya habitaban allí personajes a los que el adjetivo “tóxicos” no es suficiente. Hay que crearlo.  

Aunque no quiero admitirlo, está allí el personaje que representa mi interioridad, asumiendo y construyendo, como todos los demás, un halo de sinceridad que lejos está de sentirlo. Sus declaraciones siempre inician: “Bueno tú no eres”, aprovechan la oportunidad para describir, con lujo de detalles, son especialistas en el estilo, todo lo negativo que consideran valido y, luego de un descanso, con perfecta hipocricidad, como para ocultar lo ya expresado, enumeran mecánicamente, algunas dadivas que creen que el otro desea escuchar.

No sé si he logrado dar a entender por qué el término tóxico no es una categoría válida para los asistentes de este aposento lóbrego y siniestro. El aposento de las arcinas para proponer un adjetivo.  Si la reflexividad es importante, los personajes que cohabitan este aposento, incluyendo mi representante, deberían permanecer allí, en ese mar profundo de la no verdad, sin embargo por la premisa de que el mundo, es mundo, por la multiplicidad; pido a todos soportarlos cual caricaturas aunque sepan quiénes poseen la actitud.

León Tolstoi, aunque no lo vi, estuvo en aposentos similares por lo que relata en Confesiones, debió sentir  

 

Aposento de las personas que dicen si a todo

En las noches sueño con fantasmas

Ínclito, Retozar, Ifigenia sacrificada a los dioses Clitemnestra vengó su muerte,  himeneo composición poética para celebrar el casamiento,  el tálamo.

 

 

CONTINUARÁ

jueves, 5 de diciembre de 2024

Bendito eres

 Bendito eres

Las noches de farra siempre brillan

la mía estuvo amenizada por un clavel, una rosa y una oxalidácea

todo un mundo de esencias en un solo perfume

cantando cumpleaños Yuraima.

 

El sillage  de la esencia aún ameniza

por la eternidad ese rastro es un contagio epidemial

nos hizo un cuerpo, una canción, un escenario

Cuando salimos de la alucinación fuimos a casa.

 

Edgar B. Sánchez B.